5 Diciembre 2011
Escribo rápido mis reflexiones sobre lo que está pasando hoy mismo en Europa. Dos dignatarios, el presidente de la República francesa y la presidenta de Alemania se han reunido hoy, en vísperas de una decisiva cumbre europea de mandatarios. Me resulta sorprendente que en estos momentos en los que Europa se juega su presencia en el mundo, y por tanto su futuro, sea en francés y en alemán como decida expresarse. ¿Dónde están los británicos...?, ¿y los españoles?. Aunque solo fuera por una cuestión de marketing deberían haber sido capaces de sentar a quienes hablan los idiomas que hablan más de dos cuartas partes de la población de planeta.
Por si esto fuera poco, resulta que la clave que se nos transmite a los ciudadanos europeos desde la "inteligencia" política y económica es que para salvar al Euro se va a dividir el espacio continental entre países buenos y malos, y con las consecuencias que de ello se deriven. Después de más de dos décadas sensibilizándonos en nuestra condición supranacional resulta que seguimos igual que al principio... ¡pues para este viaje no hacían falta alforjas!.
Hemos escuchado en los últimos meses cómo algún alto dignatario alemán, coreado además por medianeros franceses, holandeses, e incluso españoles, han afirmado públicamente, ante micrófonos de la prensa, y sin sentir pudor ni vergüenza que Grecia nunca debió ingresar en la Unión Europea, en Europa, que Portugal debería salir de Europa, y España e Italia... en definitiva las cunas de la civilización europea. Lo dicho, para este viaje no hacían falta alforjas.
servido por javier
sin comentarios
compártelo
5 Diciembre 2011
Escribo rápido mis reflexiones sobre lo que está pasando hoy mismo en Europa. Dos dignatarios, el presidente de la República francesa y la presidenta de Alemania se han reunido hoy, en vísperas de una decisiva cumbre europea de mandatarios. Me resulta sorprendente que en estos momentos en los que Europa se juega su presencia en el mundo, y por tanto su futuro, sea en francés y en alemán como decida expresarse. ¿Dónde están los británicos...?, ¿y los españoles?. Aunque solo fuera por una cuestión de marketing deberían haber sido capaces de sentar a quienes hablan los idiomas que hablan más de dos cuartas partes de la población de planeta.
Por si esto fuera poco, resulta que la clave que se nos transmite a los ciudadanos europeos desde la "inteligencia" política y económica es que para salvar al Euro se va a dividir el espacio continental entre países buenos y malos, y con las consecuencias que de ello se deriven. Después de más de dos décadas sensibilizándonos en nuestra condición supranacional resulta que seguimos igual que al principio... ¡pues para este viaje no hacían falta alforjas!.
Hemos escuchado en los últimos meses cómo algún alto dignatario alemán, coreado además por medianeros franceses, holandeses, e incluso españoles, han afirmado públicamente, ante micrófonos de la prensa, y sin sentir pudor ni vergüenza que Grecia nunca debió ingresar en la Unión Europea, en Europa, que Portugal debería salir de Europa, y España e Italia... en definitiva las cunas de la civilización europea. Lo dicho, para este viaje no hacían falta alforjas.
servido por javier
sin comentarios
compártelo
22 Diciembre 2007
El odio enjendra más odio, la violencia solo produce más violencia. Y la vieja sentencia del Antiguo Testamento –que hay que recordar que es también el libro sagrado del pueblo de Israel, incluso hoy día- del ojo por ojo, diente por diente, solo provocará que acabemos finalmente todos ciegos. Esta lección, que a la vista de lo que estamos viviendo actualmente con el enfrentamiento entre los tres principales fundamentalismos religiosos: el católico, el islámico y el judio, no parece que tengamos bien aprendida, lleva repitiéndose desde el principio de la historia, y aún hoy seguimos tropezando en la misma piedra, erre que erre, como si no tuviera remedio.
Más que moralizar al respecto me gustaría rescatar en esta ocasión una vieja historia que resume lo dicho a la perfección. En el año de 1590, Don Gonzalo de Saavedra, Señor de la Isla de Fuerteventura, decidió llevar a cabo una expedición contra las costas de Berbería -en aquel tiempo eran frecuentes las incursiones de los señores de Fuerteventura y Lanzarote en tierras africanas saltándose las treguas firmadas con las tribus del continente vecino y aprovechando para arrasar sus poblados, saquear sus almacenes y mercados, y traer como esclavos a jóvenes con brazos fuertes para trabajar y mujeres de especial belleza- pero en esta ocasión a la que nos referimos, la expedición tuvo tan mala pata que resultó ser un completo desastre. Apenas se pudieron capturar unos pocos esclavos y, sin embargo, quedaban en tierras saharianas varios majoreros prisioneros y otros tantos más muertos o malheridos.
Una herida de odio quedaba abierta en los poblados berberiscos y se alimentaba con la espera y en el anhelo de ser cicatrizada con la venganza. Y fue en agosto del año 1593 cuando una flotilla de siete galeotas y varios bergantines comandados por el moro Xabán Arráez se presentó repentinamente frente a las costas de Fuerteventura y desembarcó en tierra a 230 de sus hombres bien armados para la guerra. Los invasores se avalanzaron sobre la Villa de Betancuria, capital de la Isla en aquel tiempo y residencia de sus más notables habitantes. Los berberiscos saquearon Betancuria y cuantas aldeas pobladas encontraron a su paso. Quemaron las mansiones, las iglesias, los graneros y las despensas de trigo, capturaron a muchos majoreros como esclavos, de los cuales nunca más se supo, y celebraron lo ocurrido en sus navíos con grandes fiestas. Durante varias semanas se dedicaron los hombres de Xabán Arráez a sus pesquisas con total impunidad antes de regresar a tierra africana. La cosa no quedó ahí, claro está. Meses después, Gonzalo de Saavedra respondió con otra agresión, ya era una cuestión de honor.
Esta historia que narro, y que el paso del tiempo convierte ya en anécdota, no es más que una entre cientos de miles de historias que resumen la relación entre las civilizaciones occidental e islámica, y que en realidad no es sino la historia de la negación del otro, la de convertir al vecino en enemigo o someterlo. Pero no aprendemos.
servido por javier
sin comentarios
compártelo
22 Diciembre 2007
La vida es confusa y vertiginosa pero vivir lo que se dice vivir solo se hace sin red, día a día, decisión tras decisión, momento a momento. Y aunque el miedo al miedo, el miedo a equivocarnos, o el miedo a sentirnos desanclados y extraños nos confunde a cada paso con sus cantos de sirenas, creo que estaremos todos de acuerdo, queridos lectores, en que mantenerse vivo, sobrevivir, da muchas más fatigas que dejarse morir y requiere además de los cinco sentidos y de mucha generosidad por nuestra parte. Lo contrario sería, no obstante, estar muerto, muerto en vida, vegetal, ausente, desperdiciado.
Quizás es por esta obviedad tan rotunda por lo que algunos sufrimos angustias existenciales periódicas y profundizamos en el sentido de todo esto, en el qué y en los por qué. Pero el caso, y esto es lo importante a mi juicio, es que hay demasiada gente, y digo gente en el sentido más amplio de la palabra, que ni siquiera alcanza a plantearse esto de lo que hablamos, si acaso añoran el poder planteárselo algún día al calor de una hoguera o simplemente mientras saborean un buen helado o una cerveza fría en una terracita a la vera del mar, tal y como han visto hacer alguna vez gracias a la tele parabólica.
Son aquellos, los desheredados, que viven tan al día, o mejor dicho, tan al segundo, tan atados a las necesidades más esenciales y rodeados de tanta ausencia que no tienen tiempo de reflexionar, de abstraerse, de planificar. Hablo de aquellos que sobreviven en medio de un mundo miseriento en el que buscar algo que llevarse a la boca es la gran y única misión del día, donde te dan un machetazo por menos de nada, te cortan las orejas como castigo por oír demasiado y te quedas sin lengua, literalmente hablando, solo por hablar con quien no debes. En estos lugares equivocarse cuesta la muerte, no hay segundas oportunidades, y la vida no vale nada porque cualquiera te la puede quitar, cualquiera. En estos lugares no hay esperanza que es lo último que debería desaparecer del horizonte de cualquier ser humano porque sin esperanza no somos nadie. Hablo de lugares como Liberia o Sierra Leona, es decir, aquí al lado, como quien dice, y de donde vienen huyendo muchos de los que arriban en pateras a Las costas canarias o andaluzas tras un viaje bíblico a través del desierto y el mar.
Esta reflexión viene muy a cuento en estos momentos que nos toca vivir, una época en la que muchos parecen encontrarse aturdidos, sin reflejos, en la que nos cuesta reaccionar ante lo obvio, lo evidente, y sin embargo nos enfrascamos en argumentaciones de lo más cínicas para disfrazar nuestra parálisis. La gran cuestión de esta época parece ser el cómo distinguir entre lo que carece de importancia y un pequeño detalle quizás fundamental. Recuerdo que hace ya algún tiempo un buen amigo que ya por aquel entonces peinaba canas, de esos que uno encuentra siempre por casualidad y le cambian la vida, o mejor dicho, la forma de vivirla, defendía y argumentaba una tesis sobre lo importante de aplicar en todos los razonamientos tres principios: el de indeterminación, el de autoestima y el de relatividad. Más o menos creo que quería decir que todo, absolutamente todo, es relativo y que además el observador influye siempre por fuerza y aunque no quiera en los resultados de cualquier acción, experimento u observación, cosa que no tiene por que ser negativa, pero que seguro que no es absoluta. Eso seguro.
servido por javier
sin comentarios
compártelo
15 Diciembre 2007
Creo que es obligación de todo profesional dedicar parte de su tiempo en dar a conocer su profesión al resto de la sociedad en la que vive y ejerce para que aquellos que no conocen las claves, los límites, las virtudes y las miserias de un ejercicio profesional concreto no confundan la velocidad con el tocino. Hoy día, y en lo que a la profesión periodística se refiere, se escuchan y se escriben verdaderas barbaridades, algunas magníficas por otra parte.
Que duda cabe que hay razones para justificarlo casi todo en esta vida, pero sin entrar a valorar los casos personales creo obligado hacer aquí una reflexión: ¿Necesita la sociedad en la que nos gustaría vivir de personas dedicadas a observar la realidad más inmediata en todos sus aspectos, incluso hasta impregnarse de ella, ensuciándose a veces, para tratar después de transmitirla lo más rapidamente posible al máximo posible de personas que pudieran estar interesados, estén donde estén?. Por otra parte, claro que habrá quién no lo haga bien de la misma manera que hay ingenieros a quienes se les caen los puentes y marinos que trabucan con la mar en calma.
Me pregunto, ya que hablamos de observar, si han pensado ustedes, por ejemplo, en el torbellino que se forma en una bañera cuando el desagüe se traga el agua tras quitar el tapón. Resulta que cuando uno viaja por el mundo se da cuenta de que gira en una dirección o en otra dependiendo de si estamos en el hemisferio norte o en el sur, es decir en la Isla de Fuerteventura, Madrid o en Asturias, o si por el contrario estamos en el Cabo de Hornos o en el de Buena Esperanza, por poner un ejemplo. Los cielos estrellados en esas noches claras no son tampoco los mismos. Aquí hablamos de la Estrella Polar como si fuera prima hermana nuestra y allá en el sur solo la conocen de oídas. Para ellos está la Cruz del Sur, que es otra cosa aunque les ha servido desde siempre para lo mismo: para orientar, para iluminar, para inspirar.
La realidad, esa cosa tan extraña que se manifiesta cuando le da la gana y no nos pide permiso, es la misma, muy suya además, pero cambia el punto de vista desde donde se la mira. ¡Cambiamos nosotros!. Resulta muy curioso tomar consciencia de lo importante que es un punto de vista, sobre todo el propio, es casi como un criterio, porque es único, personal e intransferible, y por tanto frágil y en constante en peligro de extinción.
Pues bien, a mi entender, y conste que lo digo como periodista, la formación del punto de vista sobre lo que acontece a nuestro alrededor nos obliga a todos a pensar, a reflexionar, a conocer los qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué de las cosas que pasan, y esto precisa de un esfuerzo personal e intransferible pero también de intermediarios entre lo que ocurre y uno mismo. Bien, algunos de estos intermediarios son los periodistas. No son infalibles, no tampoco científicos de la realidad, a veces se exceden en el ejercicio de su profesión, pero estamos ahí, dondeocurren las cosas y con la vocación de contarlas para que los demás puedan después formarse sus juicios, opiniones y puntos de vista. Como para no estar orgulloso de esta profesión y pretender ejercerla mejor día a día.
En definitiva, concluyo, dice un dicho marinero que solo los navegantes que han atravesado el Cabo de Hornos tienen el privilegio de poder mear al viento o escupirle a la cara a eolo. Quiero decir con esto que uno aprende a respetarse a sí mismo a medida que se va conociendo mientras trata de igualar con la vida el pensamiento, y siempre hay un punto en el que uno se gana su propio respeto, que es el más difícil de alcanzar. Eso en todas las profesiones es lo más importante, y no está de más que no lo olvidemos respecto a los otros.
servido por javier
1 comentario
compártelo
15 Diciembre 2007
En Brasil utilizan mucho el término "a gente" para referirse a lo humano y colectivo, como aquí "la gente": la gente consume demasiado, la gente se divierte o la gente va como loca. Sin embargo hay una gran diferencia entre los brasileños y nosotros, los españoles, a la hora de emplear la palabra en cuestión y es que ellos se incluyen en el término al hablar y nosotros nos excluimos, es decir, que en Brasil cuando alguien se refiere a la gente, se incorpora también a sí mismo, se hace copartícipe, carga con su parte de culpa o de responsabilidad, mientras que aquí nos ponemos fuera, y nos otorgamos el papel de jueces capaces de cierta imparcialidad y objetividad, como si el que habla no fuera parte de esa gente de la que habla.
Es curioso como la forma de hablar define a quien habla. ¿se han parado a pensarlo?. En otras culturas, como en la norteamericana, la tendencia es a poner un adjetivo que identifique a la gente de la que se habla y así definirla dentro de un orden ya preestablecido: los buenos o los malos, ganadores o perdedores, etcétera. Todos, en definitiva nos referimos al otro, a los otros, que son aquellos en quienes nos miramos, aquellos a quienes vemos distintos, ya sea para bien o para mal, son aquellos con quienes nos comparamos y medimos, en altura, en tez, en cultura, en conocimientos, en capacidad, en hábitos, en vicios, o en la forma de llevar la vida. Son, en fin, esos que nos son tan necesarios para convertirnos en quienes somos, porque al fin y al cabo somos quienes somos en tanto en cuanto no somos como otros, o sí, o respecto a otros, o con otros.
Si esto es así, aquel que es dueño de sí mismo y de sus representaciones, es decir, de su mundo interior y de cómo este se manifiesta hacia el exterior, tiene más posibilidades de llevar una vida plena, más feliz, más dueña y singular, que alguien que se encuentre a merced del azar, o peor incluso, de teorías equivocadas o de fulanos con vocación de organizar la vida a otros para no mirarse las suyas.
Los otros se convierten así en nuestros espejos, en las distintas formas en las que nos reconocemos a nosotros mismos, o quizás sería mejor decir que nos adivinamos. Resulta curioso observar como la tendencia actual, moderna, nos empuja a no llamar mucho la atención, a no sobresalir, lo que significa en realidad que debemos parecernos más los unos a los otros y también a los de más allá. Hay una gran inercia en este sentido que arroya de forma cruel a quienes se resisten. Siendo todos iguales pasamos más desapercibidos, y tal vez los que sobresalen lo hacen más con menos esfuerzo..
Hablando de nuestra realidad más inmediata sirve utilizar el ejemplo de que hoy día solo el diez por ciento de los castellanohablantes, o dicho de otra manera, personas que hablen el idioma de Cervantes, son oriundas de España. Solo en la República de México nuestra lengua cuenta con el doble de usuarios que en el reino de España, lo que nos da una idea de la dimensión de nuestra lengua común, que es al fin y al cabo la máxima forma de expresión de una cultura, la nuestra, la que compartimos a pesar de las muchas diferencias a este y al otro lado del Atlántico, los unos y los otros de aquí y de allá.
Comprender esto nos otorga una perspectiva mucho más interesante del mundo que el chovinismo cerril de quien se empeña en atrincherarse en su aldea y convertir en extraño y enemigo a todo el que venga de fuera, aunque se le parezca más de lo que le gustaría.
servido por javier
sin comentarios
compártelo